abril 16, 2013

Arleth de la Garza 7


Agosto, 2012

Una noche nos dimos el uno al otro y abrimos la caja de Pandora, esa caja que nos dieron los dioses y no debimos abrir... ¿pero valió la pena? aparentemente sí, quiero creer que sí. Toda mi educación me dice que debo alejarme, todo ser me dice que quiero volver a abrir la caja de Pandora aunque los males vuelvan a salir al mundo...


Mi familia siempre ha estado en la cima de la sociedad, observando y actuando, muchos no lo entenderían, pero lo que se hace es por su bien... siempre se busca su bien, pero, no siempre lo ven así, no entienden la carga que llevamos en nuestros hombros y cada momento de debilidad o fallo nos ha costado caro. Ahora estoy en otra familia, en otra cima, una donde las fallas son mas notorias, donde el pedir perdón jamás será suficiente y los errores cuentan mucho mas caro. ¿La diferencia? Mi único apoyo real y ¿confiable? se encuentra a miles de kilómetros con pocas posibilidades de auxiliarme de manera directa me encuentro rodeada sino de enemigos si de quienes quieren verme caer en desgracia sin entender que lo que hago es por mantener el bienestar de esta ciudad.

Todo se mueve y es mi deber velo todo y saberlo todo, lo haré con el tiempo, pero ¿tendré esa tiempo? Dios me lo conceda y Longinus me guíe. Pero ¿Por qué juego estos juego de poder? me dejo llevar por su brillo, cuando se que hay algo mas, pero mi deber es mayor, por el momento, se que tendré tiempo cuando la ciudad pueda decir, estoy e paz y estoy segura. SE que entenderán mi desvío...

¿Y si eres una moneda de oro falso que desea compararme con engaños? No, no lo eres, no quiero que lo seas y te defenderé y cuidaré y pagaré el precio de ello, pero no me engañes, no me harías caer, pero serias el clavo que colocaría mi título en mi cruz y ya no habría retorno

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