abril 16, 2013

Arleth de la Garza 12


Octubre 15, 2012

Nada te turbe;
nada te espante;
todo se pasa;
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Solo Dios basta. -STJ


Príncipe de la Ciudad de México Arleth de la Garza, Obispo de la Ciudad de México.

Así que ahora esos son mi  títulos, las expectativas  de la familia se han cumplido y una vez mas me veo compelida a cumplir lo que se espera de mi y no lo que yo deseo... desearía perderme en la noche con él, con mi ángel caído, desearía no tener esta carga sobre mi eternidad y recorrer las calles a su lado, desearía seguir siendo solo la senescal que podía escaparse cada noche que lo deseara... pero no es así. Mis noches ya nos serán mías y mis noches ya no serán tuyas.

De mortal pude huir de esas responsabilidades, ahora, como condenada no le veo salida porque amo esa ciudad, la he amado desde siempre, sus noches, su gente, su bullicio.

Ciudad de México, daré cada gota de mi sangre por ti, daré cada una de mis noches por ti, te entregaré mi pasión, seré tu regente y tu sirviente.

Ángel caído, te daré una noche mas, toda una noche mas, me entregaré como nunca a ti y rogaré a Dios para que me de fuerzas de no acudir a tu llamado... Garcidueñas estará feliz, con su muerte logró mas que con todas amenazas: alejarnos... te amo Ángel caído, pero mi deber es mi carga eterna.

Dios, no me quites lo que siempre busque en el vacío de mis actos como mortal, tu lo pusiste en mi camino permite que él siga en el. Permite que en mi condena él sea como agua para el sediento, permite que él sea mi consuelo... mi alma no encontrará tu Gloria lo se, pero te ruego que me des la sabiduría de guiar esta ciudad y poder seguir sintiendo como desgarra mi piel.

Ave Longinus


[algunas gotas de sangre se observan en esta anotación]

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